Mejor se investiga en Estados Unidos que en México, el conflicto cristero de hace un siglo

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  • Por Norma L. Vázquez Alanís

RedFinanciera

El conflicto religioso en México, del que en este 2026 se cumplen cien años, es un tema muy debatido y polémico, pero muy poco conocido en sus detalles, salvo entre especialistas, y sobre el cual hay todavía mucho por descubrir, dar a conocer y entender, porque ni siquiera ha sido estudiado por la historiografía oficial de una manera seria, y de ahí las enormes ausencias y carencias que existen con relación a esa guerra cristera de 1926-1929.

En este aspecto centró su ponencia ‘Protagonistas del conflicto religioso’ la doctora en Sociología por la New School for Social Research de Nueva York, Marisol López Menéndez, al participar en el ciclo de conferencias ‘A un siglo del conflicto religioso en México’, organizado por el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM) de la Fundación Carlos Slim.

Empero, indicó que en las últimas tres décadas los investigadores han intentado difundir algunos elementos que permitan una aproximación más analítica de lo ocurrido en México en ese periodo de enfrentamiento entre Iglesia y Estado, y en ese aspecto enfocó su charla.

Consideró necesario saber cómo se configuró ese conflicto y quiénes fueron sus protagonistas fundamentales, porque existe un desbalance muy importante en la información existente, pues por parte de la historiografía oficial lo que hay es un enorme silencio, mientras que en la versión católica existe una gran publicidad a cargo de algunos intelectuales  que han dado su versión de los hechos y puede percibirse un enorme interés por satanizar a los protagonistas del otro bando.

Explicó la ponente que en el estudio de los Estados nacionales modernos, que se configuraron a partir del siglo XVIII, aparecen como algo común esos choques o tensiones entre la Iglesia católica y esos regímenes que emergieron a partir de la Revolución Francesa de 1789, por lo que en el caso mexicano no es un problema que pueda relacionarse necesariamente con la malignidad del presidente Plutarco Elías Calles o con el fervor antirreligioso de los revolucionarios, o por la nefasta actitud del boicot de los católicos, como ha solido leerse la cristiada por parte de sus protagonistas.

Consideró que primeramente se debe tomar un poco de distancia y pensar que México en ese momento enfrentaba una reconfiguración iniciada con las Leyes de Reforma, lo cual provocaba que la Iglesia católica fuera perdiendo autoridad, influencia y poder, mientras que el Estado mexicano la iba ganando, pues comenzaba a constituirse con la creación del registro civil para controlar nacimientos, matrimonios y defunciones, el mando sobre los cementerios, la realización de censos para contabilizar a la población, actividades todas ellas que habían sido tradicionalmente desempeñadas por el clero y luego se convirtieron en tareas del Estado. Este es uno de los elementos más importantes que trajeron consigo las Leyes de Reforma y que sentaron un precedente para lo que luego fue el conflicto cristero.

De esta manera, apuntó la conferenciante, podemos empezar a entender que el enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado en 1926-29 no fue un conflicto detonado por choques de personalidad y ni siquiera por agendas políticas discordantes, sino algo mucho más profundo; esta pugna tuvo también una serie de ingredientes que los sociólogos llaman “componentes estructurales” y remiten justamente a estas reconfiguraciones del Estado nacional mexicano para transitar a una modernidad secular y regida por valores distintos a la religión.

UNA GUERRA CIVIL IGNORADA POR LA HISTORIA OFICIAL

Dos factores significativos dominaron en esta lucha. Uno fue la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, que planteaba un catolicismo como tercera vía y pretendía condenar y fustigar a los enormes liderazgos comunistas y socialistas que estaban surgiendo en Europa, pero que también existían en América Latina y particularmente en México, donde asoció con el sindicalismo católico que defendía los derechos de los trabajadores. Otro, fue que los revolucionarios mexicanos, que no eran sólo las élites sino también los de a pie, vivían el catolicismo como una religión de aristocracia, vinculada con la clase dominante, que respetaba y fortalecía las diferenciales de poder de la época. Omitir estas situaciones implica que el conflicto resulte incomprensible, opinó la doctora López Menéndez.

Lo que llevó a los católicos a escalar la violencia fue la promulgación de la llamada Ley Calles, que buscaba reducir la influencia de la religión en la vida pública, y la creación en 1925 de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, cuyo objetivo era disociar a México de la Santa Sede, ese otro Estado nacional que desde su perspectiva estaba demasiado involucrado en la política mexicana vía la creencia de los feligreses.

Obviamente hubo una reacción de sacerdotes y fieles, el episcopado mexicano respondió de forma agresiva contra esa Iglesia mexicana y a través de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa emprendió en 1926 un boicot para desestabilizar al régimen y poder negociar la Ley Calles. La espiral de tensión culminó con la suspensión del culto público decretada por el episcopado con el argumento de que en el país no existían condiciones para realizarlo.

A mediados de 1926, la liga para la Defensa de la Libertad Religiosa, que en un principio era una organización pacífica, comenzó a movilizarse militarmente de manera primordial en los Altos de Jalisco y en las zonas del centro y occidente del país que abarcaban los estados de Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Colima, Nayarit, Zacatecas y Aguascalientes, los espacios del levantamiento cristero por excelencia.

El conflicto se esparció militarmente a lo largo de 1927, un año muy sangriento, pues la doctora López Menéndez precisó que había cerca de 50 mil movilizados en el ejército cristero, lo que no es poca cosa, y se calculaban 80 mil efectivos del Ejército federal hacia finales de ese mismo año involucrados en el conflicto. Hubo más de 56 mil oficiales y 30 mil cristeros muertos y cerca de 250 mil civiles desplazados.

De esa manera, no se trató de un conflicto en las alturas, que fuera sólo políticamente relevante, no era mediático, ni podía resolverse simplemente con la firma de acuerdos, sino que fue para todo fin práctico una guerra civil, la cual ha tendido a pasar desapercibida en la historia oficial mexicana y además ha sido sumamente incomprendida por el bando católico que la padeció, explicó la ponente.

Las investigaciones más recientes han sido realizadas en el extranjero, especialmente en Estados Unidos donde hay una enorme cantidad de información y estudios muy buenos sobre el conflicto cristero, que han sido ignorados en México y que vale la pena recuperar porque han sabido construir una historia de lo que ocurrió, muy distinta a una mirada bipolar en la que se enfrentan Calles y los católicos, y en donde uno u otro resultan víctimas o victimarios, indicó la doctora López Menéndez. Lo que se ha hecho en la historiografía estadounidense es muy diferente y se plantean cosas interesantes.

Por un lado, la idea fundamental es cómo el conflicto cristero, el cual de un modo u otro desembocó en el asesinato de Álvaro Obregón en 1928, permitió la creación del sistema político, del régimen tal y como lo conocimos a lo largo de todo el siglo XX, terminó con el caudillismo y logró una institucionalización fundamental, que al mismo tiempo generó estabilidad tanto económica como política.

Un asunto que se ha discutido mucho en otros contextos es la manera como México logró salir de la espiral de violencia, de sucesivas guerras civiles, revoluciones y dictaduras, que eran el estatus en toda América Latina y de las que México fue una excepción. Lo que ocurrió con el conflicto cristero y luego con el asesinato de Álvaro Obregón, puede en gran medida explicar a mediano plazo esta enorme diferencia entre México y el resto de los países latinoamericanos, comentó la conferenciante.

(Concluirá)