ENTRESEMANA

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  • ¿Por qué Andrés Manuel no se defiende?
  • “Oye Tú que hablas tanto de amor Nunca supiste, en verdad Lo que era fracasar…” Enrique Guzmán
  • Por MOISÉS SÁNCHEZ LIMÓN

RedFinanciera

Desde Palacio Nacional, ni más ni menos, al colega Edmundo Cázares le soltaron a la jauría oficiosa y la no tanto que, agredida en verbo y pensamiento, aulló dolida.

Ofendidas, incluida la ingeniera presidenta, las buenas conciencias atizaron el linchamiento público de Edmundo por osar, fíjese usted, citar al licenciado Andrés Manuel López Obrador en esas andanzas que no se presumen ni con los cuates en las tertulias de madrugada.

Y se santiguaron y echaron ceniza en la cabeza. ¡Vade retro!

Sí señoras y señores, en estos tiempos de dizque todas las libertades, los escandalizó la revelación que hizo el escritor Carlos Monsiváis en una entrevista a la que ahora esos nuevos catones aseguran contiene una indignante falsedad.

Y reaccionaron con calificativos enderezados contra toda la prensa que no es afín a la 4T; aprovecharon el momento y amén de provocar amenazas de muerte contra Edmundo, dieron manga ancha para asegurar que hay un proceso de putrefacción “en un sector de la prensa en México”.

Incluso, la Princesa Caramelo se despachó con largueza:

“O sea, la podredumbre a la que llegó El Universal es increíble, de no creerse, de no creerse. Y luego, todos los que la repiten, ¿no?, que se dicen “periodistas””.

¡Recórcholis, colegas!

Y dice la ingeniera presidenta que en México no hay censura; orgullosa, con esa sonrisa que le admira Donald Trump, sostiene que su gobierno respeta a la libertad de expresión. Pero…

“Yo tengo otros datos”, diría el ínclito y culto Andrés Manuel López Obrador, Su Alteza Serenísima mejor conocido como el Santo Niño de Tepetitán, quien, por cierto, no ha dicho nada y mucho menos se ha defendido con la enjundia que le caracteriza y que sus oficiosos defensores empujan con rabiosa embestida como acto de fe.

Bueno, bueno. Veamos.

Sin duda usted se enteró del escándalo que provocó, entre las buenas conciencias, aquella entrevista hecha a Carlos Monsiváis por el colega Edmundo Cázares, que se publicó el 3 de agosto de 1999 en El Sol de México y que rescató para su publicación en el diario El Universal, en su edición del jueves 18 de junio de 2026, en ocasión del décimo sexto aniversario luctuoso del escritor.

Y ahí tiene usted que ni en agosto de 1999 ni en junio de 2026 Su Alteza Serenísima ha dicho esta boca es mía. En aquellos días en los que era dirigente del Partido de la Revolución Democrática, por lo menos públicamente el licenciado López Obrador no se inconformó por lo que de él dijo Monsiváis.

Ahora, desde La Chingada, ha guardado silencio.

La vieja conseja cita que quien calla otorga. Porque, dígame lo contrario, si la revelación hecha, como pateando un bote, sin dar la relevancia que hoy las buenas conciencias le otorgan, es de suyo calumniosa que hiere los sentimientos puritanos de quienes alzaron la voz al grado de urgir a los editores de El Universal-on line, que bajaran del portal a la entrevista, en aquellos días en que el Duce buscaba ser jefe de Gobierno del DF guardaron silencio como momias.

Quizá el tema no habría generado la reacción de quienes se sintieron ofendidos por aquel párrafo en el que Carlos Monsiváis, con desparpajo, aludió a las características emocionales y de intimidad del licenciado López Obrador, a quien habría dado cobijo en su casa de la colonia Portales del entonces Distrito Federal, cuando era un universitario llegado de Tabasco.

Pero, casualmente, sólo casualmente, uno de esos personajes que suelen servir a las indicaciones con preguntas sembradas en la mañanera, para lucimiento de la ingeniera presidenta en temas de interés doméstico de los nuevos dueños del poder, en la conferencia dizque del pueblo del miércoles 24 de junio, es decir, la semana pasada, tendió el tema sobre la mesa y preguntó.

–Creo que solamente los ingenuos no verían un proceso de putrefacción en un sector de la prensa en México, Presidenta.

Le quiero pedir su reflexión ante esto que nos ha ocupado a muchos en redes sociales, sobre todo en redes sociales.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador en su momento identificó a dos pasquines inmundos: El Universal y el Reforma, con mucho respeto obviamente a los corresponsales que vienen a Palacio Nacional, creo que no es ni siquiera problema de ellos (…).

Inducida, como ocurre con las extensas preguntas que hacen estos personajes de la barra mercenaria, la pregunta fue respondida con algo más que indignación, como algo muy personal, por la ingeniera presidenta Claudia Sheinbaum Pardo:

“¡Falsa entrevista, este invento!”

–Esa falsa entrevista en relación a Andrés Manuel López Obrador –amplió el personaje de marras.

–¿Podría ayudarnos con una reflexión como jefa de Estado, Presidenta, en este proceso, le digo, de putrefacción de un sector de la prensa que está dispuesta a todo? Por favor –insistió el pulcro sedicente “periodista”.

–Es —no sé qué calificativo usar— grotesco –atendió la ingeniera presidenta visiblemente encabronada y, como lo hacía su mentor Andrés Manuel, pidió:

“Pero vamos a ponerles la canción de Grupo Firme: “ya supérenlo”.  O sea, la podredumbre a la que llegó El Universal es increíble, de no creerse, de no creerse.

“Y luego, todos los que la repiten, ¿no?, que se dicen “periodistas”.

 

“Es de verdad… No sé, no tiene nombre, pues. Una bajeza, una… Pero, la verdad, es que habla de quiénes son, en qué nivelazo están. O sea, inventar estas cosas. Además… ¡No, no, no!

“¿Qué proyecto de nación puede salir de ahí, de esa podredumbre? ¡Ninguno, ninguno!

Y todos los que… los corifeos. No puede salir nada de ahí más que porquería”.

¡Ajajá!, una vez que desahogó sus dolidos sentimientos y que además de descalificar e insultar a Edmundo se fue encima de los medios y periodistas que no le son afines, se preguntó: “Pero ¿para qué perdemos tiempo?” Y festejó la canción. “De verdad: ¡ya supérenlo!”, ya”.

¡Ah!, pero sin perder el estilo de la Chimoltrufia de pronto reaccionó:

“Pero ¿quién les va a hacer caso con esas cosas? La verdad. O sea, síganle así, síganle; la verdad, porque cada vez van a tener menos apoyo”.

Y, en la agridulce defensa, aseguró: “Andrés Manuel López Obrador se quedó en el corazón del pueblo y de ahí no va a salir, por más que digan lo que quieran decir”.

Entonces, ingeniera presidenta, ¿para qué tanto brinco estando el Zócalo tan parejo?

Ofendida por lo que Monsiváis dijo de Andrés Manuel, dolida porque alguien osó mancillar la prístina vida privada de Su Alteza Serenísima, la Princesa Caramelo dio el banderazo para que aparecieran los expertos en la vida y obra de Monsiváis, los defensores que se santiguan los domingos y pecan de lunes a sábado.

Y ahora resulta que Edmundo está pagado por la ultraderecha y atiende a intereses ajenos a la patria y, como él, está la prensa que no se disciplina a la estrategia de Jesús Ramírez ni está en la condición de que el licenciado Brito pida su cabeza.

Por cierto, ¿alguien sabe que es un “Chichifo”? Nomás por preguntar.

Pero ¿en qué ciénega nadan los dueños del poder y los oficiosos que califican a la prensa de transitar en la podredumbre? Sí, de acuerdo, nada con la vida privada de nadie. Fue una entrevista transcrita puntualmente. ¿Amerita linchamiento? No chinguéis; mí solidaridad con Edmundo y los colegas que no doblan la cerviz. Seguimos de frente, Drakko. Digo.

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