Dance Me… la danza de Leonard Cohen

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  • Por Glen Rodrigo Magaña / HOMO ESPACIOS

Red Financiera

Leonard Cohen en una entrevista que concedió en 2005, dijo: “Para mí, el arte es la evidencia de una vida, y no la vida misma. Son las cenizas de algo que ha ardido muy bien… y a veces nos confundimos y tratamos de crear las cenizas en vez del fuego”. Las cenizas de esa vida, encendieron el fuego de forma entrañable en el homenaje coreográfico Dance Me, a cargo de la compañía Ballets Jazz Montréal, que se presentó en la Ciudad de México, el 5 y 6 de junio en el Centro Cultural Teatro 2. La puesta dancística, inspirada en la profunda poética y el legado musical del “Padrino de la melancolía”, ofreció al público un viaje por los ciclos de la existencia humana, fusionando la danza contemporánea con la inconfundible voz grave del Maestro canadiense del folk sincopado.

Bajo la idea original de Louis Robitaille -entonces director artístico de la compañía-, y la dirección de escena de Éric Jean, la obra contó en su momento con la aprobación del propio Leonard Cohen antes de su fallecimiento a sus 82 años en 2016, quién validó personalmente la selección musical, otorgando a los creadores la libertad para reinterpretar su legado, aunque lamentablemente no vivió para ver su estreno mundial en 2017, que ha recorrido recintos en Norteamérica y Europa, consolidándose como un referente melómano-dancístico antes de pisar el escenario mexicano.

El Ballets Jazz Montréal (BJM), compañía encargada de ejecutar Dance Me, fue fundada en 1972, el BJM nació con la premisa de fusionar la técnica clásica del ballet con la soltura y síncopa del jazz. A lo largo de cinco décadas, la agrupación ha evolucionado hacia un estilo contemporáneo y cosmopolita. Los catorce bailarines en escena muestran esta madurez al interpretar una exigente coreografía dividida entre tres de los coreógrafos más solicitados de la danza actual: el griego Andonis Foniadakis, la belga-colombiana Annabelle Lopez Ochoa y el británico-suizo Ihsan Rustem. Cada uno aporta una visión y un lenguaje físico distinto que, bajo la cohesión de la dirección escénica, logran traducir la música en el movimiento de sus cuerpos, otorgando figuras que dialogan con los sonidos de forma magistral.

La sinopsis de la obra evade las líneas narrativas biográficas convencionales para estructurarse como un paseo conceptual por los grandes ciclos de la vida del cantante, compositor, poeta y novelista Leonard Cohen. La pieza transita por etapas que representan la soledad, el amor, la sensualidad, la religión y la muerte, temas centrales en la obra del cantautor de Montreal. La música funge como el eje del espectáculo ininterrumpido de 80 minutos. Piezas emblemáticas como “Suzanne”, “Hallelujah”, “So Long, Marianne”, “Tower of Song” y, por supuesto, “Dance Me to the End of Love”, dibujan los sonidos en los cuerpos de los intérpretes que dialogan con la profunda y enronquecida voz del Maestro Cohen. Apoyados por un hermoso diseño de iluminación y recursos visuales que hasta pintan pícaras bocas en el escenario, mientras los bailarines danzan con sombreros Fedora y gabardinas, que se agitan al compás de una antigua máquina de escribir.

En la butaca, atestiguar la conjunción de las coreografías fluidas con está rítmica narrativa, nos permite adentrarnos a lo intrínseco de un creador que dedicó su vida a observar y describir lo complejo de la condición humana. Al caer el telón, los acordes se escuchan en una ovación ante el talento del Ballets Jazz Montréal, como uno de los pocos homenajes dancísticos que existen hacia figuras de la música. Aplausos ante el arte en movimiento al ritmo de Leonard Cohen, quien sigue habitando con fuerza en el mundo de la música, pero ahora reinventándose con cada salto, pausa y movimiento sobre esa entrega en el escenario o cómo dijera Cohen: “Báilame hasta tu belleza con un violín en llamas, báilame a través del pánico hasta que esté reunido a salvo… Báilame hasta el final del amor”.